De camino a Yotala | On the Way to Yotala [1]

Edited by Manuel Delicado

 

El médico hizo la señal de la cruz y susurró:

—En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Besó el crucifijo que colgaba de una cadena de plata alrededor de su cuello y luego se volvió para mirarme con expresión pensativa.

—¿Crees en los espíritus?—me preguntó, volviendo su mirada hacia camino desolado que teníamos delante.

—Claro que sí.

—¿Quieres escuchar una historia de terror?—me preguntó con una sonrisa malvada.

—Cuéntame.

The doctor made the sign of the cross and whispered,

“In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit, Amen.”

He kissed the crucifix that hung on a silver chain around his neck and turned to look at me with a pensive expression. [2]

“Do you believe in spirits?” he asked me, returning his eyes to the desolate road ahead of us.

“Of course.”

“Would you like to hear a scary story?” he asked with a wicked smirk.

“Tell me.”

 

Una noche después de una fiesta, yo y dos de mis amigos estábamos manejando de regreso a Sucre. Estaba sentado en el asiento del pasajero, aturdido después de demasiados Four Lokos. Mi amigo en el asiento trasero, Juan Carlos, comenzó a contar la historia de una mujer que fue brutalmente asesinada por su marido. Se rumoreaba que arrojó el cadáver en  el área en la que nos encontrábamos. Aparentemente, su espíritu camina por la noche buscando a su marido para vengarse.

Recuerdo que me sentía incómodo y me aferré a mi crucifijo. La conversación terminó y el ambiente se había puesto realmente silencioso a excepción del suave zumbido del motor.

—¡Mierda!—exclamó Juan Carlos, asustándonos a Rodrigo y a mí. El idiota no había abierto bien la bolsa de plástico, así que derramó un poco de llajua en sus pantalones.

De repente, Rodrigo frenó bruscamente y lo inesperado de todo eso me hizo gritar.

—Una cholita caminaba casualmente por el camino—dijo. Luego se volvió para mirarme.

—Por cierto, si quieres tomar fotos de cholitas, siempre debes preguntarles. Algunas de ellas todavía creen que el hecho de que les tomen una fotografía es lo mismo que quitarles su alma.

Rodrigo murmuró una serie de malas palabras en voz baja y continuó conduciendo. Me giré para echar otro vistazo a la cholita, pero no estaba a la vista.

After a party one night, I was driving back to Sucre [3] with two of my friends. I was sitting in the passenger seat, all woozy after one too many Four Lokos [4]. My friend in the backseat, Juan Carlos, starts to report the tale of a woman who was brutally murdered by her husband. It was rumoured that he dumped the body around the area that we were driving through. Apparently, she walks around at night looking for her husband to get revenge. I remember feeling uneasy and holding onto my crucifix. It had gotten really quiet except for the soft humming of the car’s engine. Then Juan Carlos exclaimed, “Shit!”, scaring me and the driver, Rodrigo. The idiot had spilt some Ilajua [5] on his pants because he did not open the plastic bag properly. All of a sudden, Rodrigo slams his foot on the brake and caused me to scream.  

“A cholita [6] was casually walking across the road!” he said.

Then her turned to look at me.

“By the way, if you want to take pictures of cholitas, you must always ask them. Some of them still believe that having their photograph taken is the same thing as taking away their soul.”

Rodrigo muttered a series of curse words under his breath and continued to drive. I turned around to have another look at the cholita but she was nowhere to be seen.

 

Tenía una sonrisa en la cara todo el tiempo que el médico estaba contando su pequeña historia.

—Ahora es mi turno de compartir mis experiencias sobrenaturales en Bolivia—respondí.

—Cuéntame.

I had a grin on my face the whole time that the doctor was recounting his little tale.

“Now it is my turn to share my supernatural experiences in Bolivia,” I responded.

“Tell me,” he said.

 

Me decepcionó el no tener el tiempo suficiente para ir a La Paz para ver el Mercado de las Brujas. Viajé a Sudamérica porque quería encontrarme a mí misma y quería que alguien me dijera mi futuro, por lo que mi profesora de español me dijo que existía un mercado de brujas más pequeño en Sucre.

Allí conocí a una bruja que leyó mi futuro usando cartas del tarot. Me dijo que iba a vivir una vida muy lujosa, pero que nunca encontraría el amor ni tendría hijos.

Como mi profesora no creía en las cartas del tarot, me sugirió una lectura de hojas de coca y me ayudó a buscar una mujer especializada en esto. Una vez allí, agarré un puñado de hojas de coca y las arrojé sobre la mesa. Ella había estudiado todo el movimiento, desde la forma en que arrojé las hojas hasta la forma en que aterrizaron sobre la mesa:

—Crees que has encontrado el amor de tu vida, pero no lo has hecho. El que coma achachairú te dará un beso que sabe a miel.

I was disappointed that I did not have enough time to go to La Paz [7] and see the Witches Market [8]. I travelled to South America because I wanted to find myself and I wanted someone to tell me my future. My Spanish teacher told me that there was a smaller Witches Market in Sucre. I met a witch who read my future using tarot cards. She told me that I would live a very luxurious life but never find love or have any children. My teacher did not believe in tarot cards and suggested that I had my coca leaves read. We found a woman who specialised in coca leaf reading. I grabbed a handful of coca leaves and threw them onto the table. She had studied the whole movement, from the way I threw the leaves to the way they landed on the table.

“You believe that you have found the love of your life, but you have not. The one who eats the Achachairú [9] will give you a kiss that tastes like honey.”

 

—Bueno, irás a Santa Cruz la próxima semana—comentó el médico.

Es muy pronto para decir si la bruja que leyó mis cartas del tarot estaba en lo cierto. Sin embargo, puedo confirmar que la bruja que leyó mis hojas de coca había acertado.

“Well, you are going to Santa Cruz [10] next week,” the doctor remarked.

However, it is too soon to say whether the witch who read my tarot cards was right. Though, I can confirm that the witch who read my coca leaves was precise.

 

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Footnotes

1 A town in Bolivia that is often described as a place where time has stopped.

2 In Bolivia, citizens who are both Catholic and a doctor are well-respected.

3 The constitutional capital of Bolivia.

4 A popular alcoholic energy drink.

5 A popular hot sauce prepared from locotos (type of capsicum) and tomatoes.

6 An indigenous woman.

7 De facto national capital.

8 A market in La Paz run by local witch doctors selling potions and other magical goods.

9 A tropical fruit native to Santa Cruz. Achachairu means “honey kiss” in the indigenous Guarani language.

10 Santa Cruz de la Sierra is the most populated city in Bolivia.